“Yo no me merezco esto”, “tú te mereces a alguien mejor”, “no te merece”, y demás ideas que nos hacemos -o nos hacen- de nosotros mismos y de los demás. Pero ¿según quién? ¿Quién decide qué se merece cada quién? ¿Qué factores influyen en lo que alguien se merece o deja de merecer? 

¿Crees que por ser fresa y mamona ya te “mereces” al Príncipe de Wakanda? O ¿de dónde sacan? Cada quien tiene lo que se consigue y, más importantemente, lo que puede mantener (sostener). No confundir con “mantener” económicamente; que, si bien, a veces influye, sobre todo cuando es el hombre a la mujer, en este caso en específico, no estamos metiéndonos con eso. Me refiero a lo que puedes conseguir y lograr que no te dé de baja, se aburra, cambie de modelito u upgradee. Y es en ambos sentidos, tanto él a ella, como ella a él, así que ni empiecen. Cada quien sale, se ennovia y se casa (en caso que lo desee o requiera) con quien puede, con quien soporta y logra que lo soporten; cosas que con la edad se dificultan cada vez más. Ser guapa, tener lana, ser “niña bien” y demás cosas que seguido creen que les dan puntos para aventar, a la hora de la hora, no sirven de mucho. Y lo mismo al revés. No sólo por ser galán, exitoso y puntual, te “mereces” a Amber Heard en atuendito. En ambos casos, todas esas cualidades, te ayudan a CONSEGUIR un prospecto mejorcito y, a largo plazo, mantenerlo (entre tus garras). 

Hace no tanto, la prima de una mujer con la que yo salía cortó con su novio de algunos años. Vivían juntos desde hacía tiempo, estaban comprando depa y ya planeando bodorrio y toda la cosa. Yo tuve la oportunidad de convivir con ellos un par de veces y eran una pareja amena. A secas. Ella era un AVIÓN hecho y derecho, demente del fitness, mamonsona pero todavía cordial, creo que nutrióloga, no chupaba más que vino y, según ella, influencer. O se las daba de tal, por lo menos. Perro. De esas mujeres que sólo por ser guapa, sienten que merecen las perlas de Virgen. Estirada, recatada, como con un aire de superioridad bastante nefastito. Él era mucho menor, mucho más agradable, demente del fitness también (algo tenían que tener en común), chupaba como albañil, por lo que entiendo, exitosón y apropiadamente galán. Ella le reclamaba cosas constantemente, le hacía jetas, lo regañaba y todo lo que hacen las mujeres cuando entran en confianza con uno… pero sin ser incómodo para los demás. No que no nos diéramos cuenta (siempre se da cuenta la demás gente, siempre), pero por lo menos, no lo hacía de manera que se sintiera ya chafa y molesto. Las dos o tres veces que me tocó convivir con ellos, siempre fluyó bastante bien, hasta eso. Con todo y que sí era gente muy intensa y atosigadora. 

Cuando cortaron, ella procedió a aplicar todas las técnicas, artimañas y demás parafernalia de mujer abandonada, engañada y Superadora de Obstáculos que les encanta publicar en redes sociales, con su respectivo éxito, definitivamente (acuérdense que era un avión). El problema que yo veía en todo eso era uno: Nadie más en el mundo la iba a aguantar, más que el pobre incauto que ya había vivido con ella todo ese tiempo. Pretendientes tenía, tiene y va a tener hasta el fin de los tiempos. Y de sobra. Ultra sobra. ¿Pero alguien que se anime a tener un follow-up date con ella? Tssss. La neta, no creo. Y se lo dije varias veces a mi mujer. “Tu prima se va a quedar sola por mamona”. No me hizo caso, obviamente, pero pregúntenme cómo va eso. Y ya tiene tiempo. La mujer tiene lana para aventar, es de familia “bien” y está hecha a mano. Pero a ver quién la aguanta. Yo sólo les digo: NO ES SUFICIENTE. 

Ser guapa no sirve de nada si sólo van a querer coger una vez al mes. Y sin tragárselo, no’más faltaba. Es mil veces preferible un seis que se lo trague como campeona, conforme va saliendo; que un diez que lo escupa. Ser simpática no sirve de nada si a la tercera cuba malcopean y la arman (más) de pedo. Ser ultra fitness está muy bien… siempre que tu pareja lo sea también; de lo contrario, será MUY complicado. No vamos a estar comiendo cinco veces al día. Sobre todo, no verduritas y pollo asado. En el cine se TIENEN que comer palomas. Con harta mantequilla transgénica, de preferencia; para ver el americano, alitas mutantes de Hooters, y así y así. De hecho, tener regímenes alimenticios diferentes es siempre latoso. Créanme. Chance no como para -por esa sola razón- tirar la toalla… pero incomodón. Y, sobre todas las cosas, la sobriedad no ayuda nunca a nadie. Lo mismo que con el fitness: si sólo uno de los dos chupa, se puede venir la noche muy rápido y muy duro. También pregúntenme, que algo de eso sé. Es por eso que les presento la más importante de las leyes de la Física Universal: 

“La cantidad de moños, berrinches, jetas, abuso y hasta maltrato que aguantaremos será directamente proporcional a qué tan satisfechos estemos en la cama”. Super simple, no hay pierde.

Apúntele bien, que no es choro. Y me imagino que ustedes tendrán una serie de parámetros y condiciones igual de arbitrarias y mezquinas que aplicar para con nosotros. Y está bien que las tengan. Uno sabrá qué tanto aguanta, a cambio de tal o cual cosa; teniendo en cuenta (y esto es importante, pongan atención) qué tanto tienes que ofrecer en caso de que te peles. Si crees que puedes CONSEGUIR algo mejor (o no te importa estar solo como perro), pélate; si no, aguántate; que de lo perdido, lo que aparezca. 

Yo, por ejemplo, como les decía, hace poco tuve una novia. Después de casi tres años de aborrecer y temer las relaciones formales, por fin me animé a pedirle a una mujer que fuera mi novia: Paulina. ¿Se acuerdan? No sé si me la merecía… pero le hice la pregunta y dijo que sí, ergo, la pude conseguir, que es lo importante. Lo que no pude hacer fue conservarla. En parte porque, al parecer, soy insostenible -eso me he vuelto- y en parte, por pésimo timing.  

Paulina es de las mujeres más espectaculares que van a conocer. Alta, guapa, chichona, caderona, rimbombante, llamativa y del tipo de gente que, cuando entra a un cuarto, todos los presentes se levantan de sus asientos y se quitan el sombrero. Su sombrero de copa. Imposible verla sin sonreír. Imposible verla sin querer arrancarle la ropa con los dientes. Inspira confianza, amabilidad y no creo que nadie tenga algo negativo que decir de ella. Sin duda, una de las mejores personas que he conocido, una persona buena en toda la extensión de la palabra; a diferencia de mí, para empezar. Se autoproclamaba “Niña bien de toda la vida”, lo cual me causaba risas sin fin. Y no porque no lo fuera, totalmente lo era… pero siento que no es de “Niña bien de toda la vida” sacarse Truco del buche, lo cual la vi hacer en más de una ocasión; con sendas MiriAventuras, a las que eventualmente llegaremos, no desesperen. Seductora, carismática, cariñosa, alegre, borracha, sofisticada y con un sentido de la moda escandaloso, que sólo ella podía hacer que funcione. Todo eso y más. Mucho más. Me amaba sin control y, más importantemente, es de las pocas personas que en verdad me aguantan a la fecha. Y aguantarme no es poca cosa, como podrán imaginar. Después de más de dos años de conocerme y salir conmigo intermitentemente, se animó a ser novia. Con todo lo que eso involucra. Mujer Santa. Incluso mentía acerca de no querer descendencia con tal de estar conmigo. Ya si eso no dice más que mil millones de palabras, no sé qué lo hará. 

De todas formas, y como les iba diciendo, esa relación al final no se dio, pero sin duda fue una experiencia positiva y un paso más en la dirección correcta para, en un futuro esperemos cercano, tener una novia y poder conservarla. Que está por verse. Si alguna vez se topan a una Paulina como la mía (no a la mía, idiotas, ojo, que los reviento), aférrense a ella y no la pierdan por nada del mundo, que mujeres como ella no se dan en los árboles. 

#GraciasPaulina

#Insostenible

Un comentario sobre “QUE TRATA DE LOS MERECIMIENTOS, LEYES Y PREMISAS INCÓMODAS Y PRIMIGENIAS QUE, SI BIEN TODOS SABEMOS, LA MAYORÍA DECIDE IGNORAR Y HACERSE OBESO DE VISTA”

  1. Totalmente de acuerdo, creo que nunca se trata de «merecer o no merecer», eso siempre será algo subjetivo. Con el paso del tiempo y una que otra mala experiencia aprendemos que vale mucho más la afinidad que exista, si hay objetivos en común, las ganas de sostener, la paciencia para soportar, el nivel de madurez para lidiar con los problemas cotidianos y los terroríficos, y puedo seguir.

    Creo que para mantener cualquier vínculo afectivo y sobre todo una relación formal, el grado de reciprocidad debe ser proporcional en ambas partes (tanto él como ella). Cuando la balanza se desnivela, empieza esa realidad que taladra la cabeza… este chic@ no me merece, yo no lo merezc@, al final tonterías, nunca se trata de eso. Justo lo explicas muy bien al final del relato.

    ¡Vengan más historias basadas en la vida real! 😉

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