Invito a sentarse a la wera fodonga y le ofrezco un trago. Me aplica la celebérrima “lo que tú estés tomando”. A pesar de que yo no estaba tomando (nunca chupo con los alimentos; salvo que sea vino, que no cuenta) le dije que “rum and coke”*, que es mi trago favorito y nunca falla. Me dice que nunca lo ha probado y eso me saca de onda. Pongo changuitos y le pido a Cristo, a Gokú y a Chicharito que no sea una abstemia insufrible. No sirven de nada: es abstemia. El insufrible está por verse. Y no sólo eso… aparte es voluntaria en la iglesia de su pueblo. ¡Ya la hicimos buena! Estuve a dos de cancelar mi cuba y echar bomba de humo. Pero bueno, se me hizo de pésimo gusto y me quedé. Una cuba. ¿Qué podía pasar? Era temprano todavía. Afortunadamente la convencí de pedir una cuba y aparte le gustó. O por lo menos fingió que le había gustado. Mínimo. Luego ya le entraban como agua bendita, eso sí. Pregúntame. Aparte de que -para mi entera sorpresa- estaban súper bien hechas las cubas: vaso alto, hielo grande y mucho Bacardí. De libro de texto. ¡Casi lloro!

Cuba #1 y 2: Estuvimos intercambiando itinerarios de viaje. Ella iba a la República Dominicana a un retiro literario o algo súper entretenido y su vuelo salía a las 10am. Iba a trasnochar en JFK. De propósito. Y ni siquiera en un hotel como yo tenía planeado. Literal planeaba dormir en las bancas de su sala. O ni eso, porque obvio no te dejan documentar tanto tiempo antes de tu vuelo. Supongo que no hay muchos vuelos desde Lynchburg, Virginia hacia ningún lado y hay que agarrar el que haya y listo. Yo iba -como ya establecimos- al Cairo y estaba atrapado en JFK por incompetencia de mucha diferente gente, a la que recuerdo haber insultado en mi mente el resto de la noche.
Cuba #3 y 4: Me estuvo contando de su vida mundana y pueblerina en Lynchburg, Virginia. ¡Santa cachucha! Que si los sobrinos, que si la iglesia, que si el ex esposo, que si la mascota… Bla, bla, bla. Sólo porque ya llevaba yo tres cubas.
Cuba #5: Me empezó a contar sus desveladas y demás “barbaridades” que hizo en College y juraba que eran dignas del episodio más orate de “Wild On!” en-su-buena-época. Un asunto sumamente rústico y por demás simpatiquísimo. Me dijo en qué universidad y todo, obvio, pero no le puse mucha atención a eso, la neta. En algún pueblo rascuacho en Idaho o algo así. Un lugar de mucha nieve, eso sí.
Cuba #6: Me empezó a chulear los ojazos, la sonrisa que mueve montañas y hasta el acento atroz que tengo en inglés. Todo lo que pudo, vamos. Sobres. Ya estamos aquí.

A pesar de que sí me estaba divirtiendo bastante con sus historias de gringa provinciana, la verdad es que se estaba haciendo tarde y yo no veía claro. Encima de eso, nos cortaron la barra a eso de las 2am y pues… Ya, bye, tampoco. Le dije que me tenía que ir a registrar al hotel y que si se apuntaba. Que la invitaba a “no dormir en el aeropuerto”, como era su plan original, francamente malo. Se hizo del rogar más tiempo del que me pareció aceptable por lo que pagué, agarré mis chunches y me despedí. Estoy en la fila para el taxi cuando me alcanza y me aplica una de las mejores frases que existen en el recontra maldito mundo (y que por cierto, es la segunda vez que me la dicen. La primera fue en el Mercado del Carmen hace unos años, en un evento de Matusalem. Gran historia, pero para otro momento):

Oye, ¿no me quieres pedir mi teléfono?

Tal cual, con todas sus letras. ¡Esa autoestima, mujer! ¿Por? ¿Para? Espero en Cristo nunca tener que ir a Lynchburg, Virginia, puebloquieto de sexta. Obvio se lo pedí, lo anoté, le di el mío y todo el show; tampoco soy tan ojete. Le reiteré mi oferta de no dormir en una banca y, después de mucho batallar con su moral pueblerina, la volvió a rechazar. Sale. Ella se lo pierde. Literal.

Me trepo a un taxi amarillo para ir al hotel más cercano. Llegando le pido un cuarto a una chinita que, si tuviera que apostar, diría que estaba siendo empalada contra un escritorio atrás de Recepción: salió con la camisa a medio abotonar, “Name Tag” de cabeza, ajetreada, chapeada y más desgreñada que mi Lynchburg. Desacato total. Hace como que busca cuarto y me dice que no hay cupo. Seguro sólo para no tenerme que registrar. Salgo y camino en el frío polar de por allá con sólo una sudadera y, justo antes de morir de hipotermia, llego a otro hotel muy similar. Me dan un cuarto de higiene cuestionable, pero con cama y baño privados a fin de cuentas. Ya con eso. Ajusto la calefacción del cuarto que era un crimen, me lavo los dientes con harta pasta y enjuague, me despojo de todas mis prendas y a la meme por fin (nunca he entendido a esa gente que puede dormir no-encuerada). Ya entre pre-sueños siento que vibra el cel y adivinen quién era. Que siempre sí quería “compartir cuarto”. ¡Claramente no, mujer! Uno: no es cuando quieras. Dos: Por hacerte del rogar, ahora nel. Tres: ya me estoy quedando dormido y qué lata esperarte. Cuatro: te tienes que parar al alba de Cristo y yo no. Muchas razones, ninguna posibilidad. Me hice el que la Virgen me hablaba y no le contesté hasta el día siguiente. Lección de vida: cuando tengas la oportunidad de comer o de… YA TÚ SABEH (con alguien que te gusta, evidentemente)… tómala. Sobre todo si nunca vas a volver a ver a la persona. Claro “no brainer”, yo digo. No anden de mustias, haciéndose las muy “maduras”, “ni que fuera una z”””a”, “nunca en la primera cita”, ni la bola de “peros” ridículos que se autoimponen. Si quieren darse, ¡dense! Y ya. Nadie las va a juzgar, lo prometo. ¡¿Qué maldita necesidad de complicar todo siempre?! Pero bueno, hagan lo que quieran. Luego a ver quién las aguanta.

A la mañana siguiente me habló el malnacido de la Parte Uno de este bonito relato y me arruinó toda la tarde, como recordarán. Después, logro documentar con la negrita rapada, paso Seguridad con muchos trabajos y busco un lugar donde comer en lo que salía mi vuelo. Llegada la hora de abordar compro por si las dudas un roncito** en el Duty Free y voy y me formo. Grave error. Mi estrategia es siempre ser el último en abordar el avión justo para estar sentado en sus malditos asientos incómodos el menor tiempo posible. Ese día no sé qué se me metió y fui de los primeros. ¡En un vuelo de doce horas! Asno. Y para que se den una idea el tipo de Aerolínea que es Egyptair… Hace unos días aprendí de primera mano, que hasta hace unos años había gente que viajaba DE PIE en los aviones de estos desgraciados. Doce horas de JFK a Cairo… DE PIE. Algo como:

Ya no tenemos asientos, pero no le hace, se puede ir parado.

Neta ni Aeromar te deja ir de pie del Benito Juárez a Acapulco. Con eso en mente… Agárrate el vuelito que me aventé:

Para empezar, el avión es tan viejo que no sólo tiene todavía ceniceros entre los asientos y en los baños, sino que los respaldos tienen entrada de cable Ethernet. Para que conectes tu… ¿IBM de escritorio, supongo? Para que vayas consultando Encarta ’98. Aparte, desde el momento en que cierran las puertas del avión, es como si ya no estuvieras en Occidente. ¡Déjate tú Nueva York, neta ya no estás ni en Occidente! Así. Por alguna razón ya nadie habla ni inglés. Ni las sobrecargos, ni los pasajeros, ni el piloto, ni nadie. Ni siquiera el folleto de emergencias estaba traducido. No que sea necesario entenderlo ni mucho menos, pero pues… WTF!? ¿No? Cabeceo un segundo en lo que todos entran y acomodan sus bultos y demás mugres en los compartimientos superiores, volteo y ya todo mundo con turbante, burka, gafa oscura reggaetonera, atuenditos de esos largos que usan los jeques en las películas y hasta gallinas***… Todo el kit. ¿Dónde estaba toda esta gente cuando hice la fila para abordar? ¿Se acaban de cambiar de ropa todos? ¡Avisen para yo también hacerlo, culeros! No hemos ni despegado y ya me siento completamente en otro meridiano. ¡Venga! Justo para esto se viaja: para conocer banda radicalmente diferente. En todos sentidos diferente. No sólo para conocer lugares.****

Mi asiento estaba en pasillo, en el bloque de asientos de en medio. Junto a mí, un viejecito enano y junto a él su esposa, más enana aún. Según yo, el señor no se paró al baño ni una vez en doce horas. Pero ¿qué sé yo? Adelante de mí, en “Economy Plus” (qué mamarrachada, pinches aerolíneas, te atoran por todo) había una señora wera, ya grande, con un bolso de aspecto caro y claramente la única occidental de todo el avión, junto con su servilleta. Pero lo que la hacía diferente no era eso, sino que era una mamona y amargada (seguro por ponerse sus moños y creerse superior a nosotros, los hombres “cavernícolas” los últimos veinte años, como discutimos hace rato. ¿Se acuerdan? ¡No lo digo yo, lo dice la maldita ciencia!). Antes de despegar, un señor se para de su asiento de turista, se sienta junto a ella en un asiento vacío (mucho más caro que el de él, obvio) y mientas se acomoda el cinturón de seguridad, feliz de haberse chakaleado un upgrade, voltea la señora y le pone una regañiza ñera.

Next time buy a better seat, bitch!

…y todo. El don se paró como resorte y regresó a su asiento con la cola entre las patas. Si bien la wera tenía razón (cada quien en su lugar asignado por favor, los aviones no son vagones del metro, no jodan), hay maneras y modos de pedir las cosas. Mucho después, mientras todo el avión estaba dormido y en silencio, algo pasa que me despiertan de mi quinto sueño (yo ya babeando y todo) y todo mundo gritando. Una quermés cualquiera eso ya. La wera mentándole la madre a la mitad del avión por alguna disputa del baño que no entendí y un don de la fila detrás de mí diciéndole que estaba loca y que era una mierda de persona. WOW! That escalated quickly! Llegaron las sobrecargos y calmaron el gallinero, a dos de que se armaran los tomatazos y huevazos. Pasó.

En preparación para el aterrizaje me paro al baño a lavarme los dientes con harta pasta y enjuague y, de regreso a mi asiento, una viejita completamente redonda cual Rotoplás y que no hablaba zoca de ningún idioma, me pide ayuda para salir de su asiento. Como el descansabrazos no se levantaba, esa mujer estaba básicamente atorada ahí para siempre. Lo que no entiendo es cómo rayos entró en primer lugar. Estuve a dos de tenerla que aceitar como supermodelo-en-la-playa para que resbalara. Gracias a Dios no me vi en la necesidad de recurrir a tal desgracia. Terminé usando un libro como calza, que metí entre su primera capa de lonjas y el descansabrazos para poderla sacar, eso sí. Por fin logramos que saliera y me da las gracias en árabe. Pienso. De alguna manera logra entrar en el mini baño que siempre es el del avión, y de regreso se cae entera encima de la wera mamona. Un sueño. El grito que pegó esa pobre. No tanto de susto, sino como de roña. Parecía que le hubieran tirado encima un nido de avispas africanas cubiertas de caca. Gritoniza otra vez. Le vale queso a la viejecita, maldice en árabe y se regresa a su lugar refunfuñando. Me paro para intentar ayudarla pero ni me pela y entra con sorprendente facilidad. Alabado sea Alá.

Aterrizamos en El Cairo.

Continuará… Mismas razones.

 

*Elixir de los dioses del Olimpo.
**Se me había amenazado que en Egipto hay que turistear antes de que salga el Wero (como ya habíamos dicho) Y… que no se puede chupar; que no venden alcohol en ningún lado y, de hecho, es más ilegal que la dinamita, básicamente. ¡Paparrucha pa variar! (¿se acuerdan qué significa? ¡Pongan atención! Estoy tratando de que aprendan algo aquí, carajo.)
***¿Cómo diablos pasaron gallinas por seguridad en EUA? A mí me la hicieron de tos por mi Pepto de viaje y ¿esa persona neta sube una gallina al avión? ¿O la habrá comprado en el Duty Free como yo mi ron? #MisteriosDeLaBiblia
****En los capítulos siguientes (donde ya por fin llego a Egipto, lo prometo) verán que conocí un buen de gente increíble.

Glosario rápido. Que en la Parte 1 hubo un poco de confusión, al parecer.

No brainer: Cuando ni la tienes que pensar.
YA TÚ SABEH: Yaaa tú sabeh 😉
WTF: What the f*ck
Pelation: “No llegué a mi vuelo”, pero en ñero.
BTW: By the way.
RAE: Real Academia Española.
AF: As f*ck.

Y no está de más apuntar: todo cuenta y todo está de propósito: comas, paréntesis, comillas y TODO. Si no saben qué involucra cada cosa, demanden a su escuela primaria.

#GraciasRob
#ThankYouLynchburgVA
#GraciasAura