Por mucho tiempo se me había amenazado con que turistear en Egipto es un asunto excepcionalmente impresionante pero a la vez increíblemente matado y trabajoso.

Hay que levantarse a las 4:00 am para llegar a las ruinas y no morir incinerado bajo el sol implacable de los faraones, bla bla bla…

…y demás cantaleta intimidante. Si de por sí entre semana no es algo que acostumbre… ¿estando de vacaciones? Ninguna posibilidad en el mundo. Si para eso estudié música: para nunca ganarle al Wero, astro rey, a salir a ningún lado. (Para eso y para ser turbo rockstar, evidentemente. Si no, ¿para qué? Yo digo. Que al final la escuela terminara por hacer que odie tocar y no quiera NI VER mi guitarra nunca más, es diferente. Pero ésa era la intención.)

Afortunadamente mi hermana (ella sí le súper gana diariamente al Wero) tiene ochenta títulos y diplomas que la han estado llevando a diferentes lados del globo a dar cátedra en diferentes materias y yo me he podido pegar a sus planes y aprovechar sus habitaciones. De esa manera yo sólo tengo que pagar mi vuelo redondo y ámone! Desde el Canadá*, las Guyanas, Pachuca, Hidalgo y El Cairo, ya tenemos muchas millas y Miri-aventuras acumuladas. Evidentemente, tan pronto supe que iba a ir a Egipto, comencé a buscar vuelos y recomendaciones de atracciones, restaurantes, bares y antros. A según. Pérate. Pero antes… VISA egipcia.

Si Googleas “visa egipcia” te topas en uno de los primeros resultados con una página informativa medio hechiza pero efectiva de algún alma caritativa que tuvo el detallazo de explicar con peras y manzanas lo que tienes que hacer para conseguir una visa para la lejana y antigua República Árabe de Egipto. La verdad de las cosas es que no representa tanto borlote como se pensaría. Sólo hay que llevar unos papeles a la embajada, pagar la módica cantidad de $550 MXN y regresar por ella en tres días hábiles. Lo único que medio destantea es que la embajada egipcia es una casa bien sola en medio de Polanco, a punto de caerse y no tan vigilada como suelen ser las embajadas, por lo menos en las películas. Ni un guardia, ni un coche escolta, patrulla ni nada. Toco el timbre con un poco de miedo de que me fueran a echar a los perros, caer una maldición o algo. Espero un tiempo y como no hubo respuesta volví a tocar -todavía con más miedo aún-. Ya cuando me iba a retirar súper decepcionado de la vida, me abre la puerta un individuo de hueso ancho, alto, pelón y de fuerte acento árabe pero buen castellano, sin duda. Me hace pasar a una salita con muebles setenteros, olor a casa de abuelita y parafernalia egipcia como de agencia de viajes de principios de los noventa. Espero ahí un tiempo y luego me llama para pasar a la oficina de la agente de migración o como se llame su puesto: una señora de lentes, de edad avanzada, mexicana y no particularmente alegre. Le entrego mis documentos y enseguida me asocia con mi hermana que había ido hacía algunas semanas. Ojazo verde que derrite, sonrisa que mueve montañas, turbo galanes y demás… No era tan complicado, definitivamente. Uno de los documentos que te piden es el itinerario día a día de tu estancia por allá, mismo que yo no llevaba porque llevaba el de mi hermana, la catedrática; situación que obvio no le encantó a la señora pero tampoco pareció darle tanta importancia. Fui a pagar la feria al banco de enfrente, regresé con el comprobante y me dijo que regresara el jueves. Extraordinario. ¡Vámonos a Egipto!

Llegado el jueves fui a recoger el documento y me topé a una mujer que también iba a lo mismo. Nos hicieron pasar a los dos con la señora de los lentes y ella nos dio sin más ni más nuestro pasaporte con la visa ya estampada. Antes de irnos, la mujer le pregunta a la encargada si puede llevar una serie de medicamentos. Le dijeron que sí, pero sólo con la respectiva receta. Me pareció un poco raro, pero como yo sólo tomo Pepto de vez en siempre, no le di importancia y me retiré. A pesar de que no le dije nada, la mujer me empezó a contar una de las mejores anécdotas en años. Según ella (y recalco “según ella”), alguna vez le dieron pena de muerte a una viejecita que intentó entrar al país con unos antibióticos sin receta. Paparrucha**, sin duda.

Al día siguiente me paro al alba de Cristo, ganándole al Wero a regañadientes, y me dirijo al Benito Juárez. Mi hermana llegaba por separado porque teníamos vuelos diferentes. Los dos hacíamos escala en Nueva York pero su vuelo salía quince minutos antes y de la T2, a diferencia del mío. Ya documentado y desayunando chilaquiles verdes y una chela porque pues… #Vacaciones, recibo una llamada de mi hermana diciendo que saliera con tiempo al aeropuerto que porque “había mucho tráfico en el Viaducto”. ¿¡De qué me estás hablando, mujer?! Antigua y bonita costumbre Miranda: llegar chorro mil horas antes al aeropuerto. Que, dirán lo que sea, pero sí es importante. No sólo por cualquier eventualidad con la maleta, el pasaporte o lo que sea, sino que -sobre todo en los vuelos súper madrugadores- hay que llegar con mucho tiempo para poder desayunar con buena calma, des-desayunar con más calma aún, lavarse los dientes con harta pasta y enjuague… Muchas cosas. Un trámite ineludiblemente trabajoso y tardado, pero que más vale hacer bien de una vez por todas.

Me dirijo a la sala de espera final con suficiente tiempo y veo que dice “A TIEMPO”. Sin bronca. Se acerca la hora de abordaje y la leyenda no cambiaba. Se acerca la hora de despegar y la méndiga leyenda no cambiaba. Y no cambió. Una hora de retraso y por fin la cambian a “DEMORADO”. NO SHIT, SHERLOCK! Nadie de Interjet para dar la cara PARA VARIAR y yo explotaba de coraje. De por sí la conexión en JFK era apretada, mi vuelo retrasándose y nadie que diera explicaciones de ningún tipo. Nadie a quien mentarle la madre, básicamente. Porque eso son las aerolíneas hoy en día: una bola de ratas, incompetentes y cínicos asquerosos que hacen lo que les da su maldita gana con los pasajeros (sus clientes, btw) porque pues… no tenemos de otra: de alguna manera tenemos que llegar a donde vamos y no podemos darnos el lujo de vetar aerolíneas de nuestro repertorio. Si fuera así, yo ya no podría volar por NINGUNA de México, United, Avianca o Air France. ¿Y qué hago ahora, ya no salgo? Bola de malnacidos, mediocres y prepotentes sin sentido de trabajo, decencia ni respeto. Pero bueno, me desvío. El vuelo terminó saliendo tres horas y media tarde que era justo lo que yo tenía en Nueva York para tomar mi vuelo a El Cairo. Pelation. Evidentemente.

Llevo más de 14 horas desde que salí de mi casa y apenas estoy en Nueva York. Bien. Voy a buscar a los inútiles de Interjet: no se hacen responsables porque pues… les vale tres kilos. Voy con los de Egyptair y peor: ni siquiera estaban. Como ya había salido su último vuelo, recopilaron sus chunches y se pelaron. Le hablo furioso a la agencia de viajes*** que me organizó el viaje y me entero aquí que compraron los dos vuelos por separado. Así. Por separado. Los mato: Ni Interjet sabía de mi conexión a Cairo, ni Egyptair sabía que yo venía del DF. Y listo. Claramente las dos se lavaron las manos y hazle como quieras. Perdí mi vuelo a El Cairo y sólo hay uno al día. Uno. And then? La agencia me consiguió lugar en el mismo vuelo pero del día siguiente. Seis de la tarde del día siguiente para ser exactos. Tengo algo como veinte horas en la Gran Manzana. No es lo ideal, pero igual rifa, ¿de acuerdo? Pues no. Sin duda no. Porque no sólo la agencia de viajes reservó eso por separado sino que lo hizo a través de una cosa súper chakal y nefasta llamada JustAirTicket.com**** que necesitaba mi autorización verbal y firma física para autorizar el cargo a la tarjeta de crédito. Un asunto completamente inaudito. Estuve toda la mañana y la tarde siguiente (ahorita regreso a la noche, que fue un sueño) peleándome por teléfono con un gringo imbécil (que aparte ni se oía bien) para que me autorizaran el cargo a mi tarjeta. Me habló esta persona, corroboró todos mis datos y va, hasta ahí vamos bien. Raro. Pero equis, todavía. Después me dijo que me había mandado un mail que tenía que abrir, escribir no sé cuánta cosa que tuve que apuntar porque neta no era poco, imprimirlo en la recepción de mi hotel, tomarle foto, firmarla y mandársela. WTF?! Ya que hice todo eso, me volvió a hablar el cínico maldito y me dijo que me había mandado OTRO mail que tenía que abrir, entrar al link que venía ahí, bajar un formato para firmar electrónicamente y mandárselo de vuelta. Un suplicio interminable. Yo ya no sabía en qué más idiomas insultar a esa persona. En algún punto enlazó nuestra llamada con una representante del banco Y ¡un traductor! ¡¿Para?! ¡Según yo, ya habíamos logrado aprobar el cargo y ya habíamos establecido que hablo idiomas! Éramos 4 personas en una llamada que no se escuchaba nada, de ningún lado hacia ningún lado. La pobre señorita del banco me preguntaba que por qué le estábamos hablando y yo le decía que no tenía ni la menor idea. Por fin entendió este turbo imbécil que sí autorizaba el cargo y me mandó mi mail de confirmación de asiento en el vuelo a Cairo. Según. Porque aparte, cuando llegué a documentar con Egyptair, una negrita hermosa, rapada a coco, me dijo que sí tenía reservación pero no boleto. Eeeeeexcuse me?! ¡¿Qué rayos significa eso, siquiera?! Sólo no le gritoneé porque no era su culpa, sino del submental del teléfono, mismo que obvio volví a llamar y le dije hasta de lo que se iba a morir él y toda su maldita descendencia por el próximo siglo y medio. Por fin lo arregló, lo insulté una última vez por las dudas, le colgué y regresé a documentar sin bronca. Ya no podía ni ver del coraje. Casi destruyo mi maleta a patadas. Le debo una maleta a mi roomie, por cierto. Todo el día desperdiciado en la capital del mundo.

Afortunadamente, la noche, a diferencia del día, fue sumamente bien aprovechada (les dije que iba a regresar a eso). En eso sí soy súper bueno. Abatido, decepcionado, furioso y famélico tuve a bien encontrarme con un típico “diner” gringo en la Terminal 4 de JFK, en que la vida y el mundo me habían vencido (y meado). Pido una hamburguesa doble, una cuba triple, unas alitas y que se vaya al traste todo. #FuckThisShit. Termino mi cena, pago y mientras recopilo mis chunches ya para irme a meter a algún hotel y salir de antro aprovechando que estaba allá… me aborda una wera alta, medio fodonga y desgreñada pero hasta eso de muy buen ver.

How you doin?

 

Continuará… Porque “Como dijo Jack el Destripador: “Vámonos por partes””.

 

*Véanse las Miri-aventuras de Toronto para más información al respecto. Link abajo.
**Les ahorro el viaje a la RAE. Paparrucha: “Noticia falsa y desatinada de un suceso, esparcida entre el vulgo.” #GraciasKim. (En el mejor de los casos con acento Paisa porque pues… Sexy AF)
*** Hay que hacer todo a través de agencia de viajes, porque si no, la embajada no reconoce nada. De hecho, no cualquier agencia, tiene que ser una que tenga reconocimiento en Egipto.
****Aunque me prometieran vuelos con sobrecargos supermodelos encueradas, no compraría nada ahí.