Por fin desembarcamos en El Cairo y nos formamos para pasar Migración. Mucho más cordial de lo que esperaba. Lo que sí fue una monserga infinita fue esperar la maleta y, sobre todo, la aduana. Me tocó inspección “aleatoria”, abrieron mi maleta, sacaron todo lo que traía y me hicieron un desmadre. Y quisiera decir que es la vez que más he demorado en salir de un aeropuerto… pero sin duda no. Hace muchos años, llegando a Vegas con mis vecinos los fresas, me hicieron pasar al “cuartito interrogatorio” y me tuvieron ahí por horas. Al final sólo me hicieron más preguntas acerca de mi viaje, mi compañía y demás, pero sí llevó más de tres horas todo el teatro. Pienso que fue mi look de aquella época lo que no ayudó. Y eso que esto fue mucho antes de que entrara el ridículo de Trump. Para cuando salí, mis cuates obvio ya llevaban seis cubas y dos líneas cada quien en el hotel.

El punto es que salí por fin de la revisión y, tan pronto pones un pie fuera de Aduana, hay ocho mil “taxistas” atosigándote en seis idiomas diferentes, pero ninguno que se pueda entender. Evidentemente nadie tiene ningún tipo de documento que avale su profesión, taxímetro o ninguna otra cosa ni medianamente oficial. Bienvenido al tercer mundo. Pero bueno, tampoco es como que haya de otra, entonces de una vez. Y la verdad de las cosas es que al final salió maravillosamente ese trayecto al hotel.

Después me enteré de que sí hay Uber en Cairo. No sirve de mucho ni nada, como más adelante explicaré… pero lo hay. Lo que también hay en Cairo son veinte millones de egipcios, tres millones de coches privados, CERO semáforos y mucha más contaminación de la que jamás he visto. Si crees que en nuestra hermosa CDMX hay tráfico y es un reto al destino manejar… nunca estuviste en Cairo. En México, sin contar a los peceros, los carriles medio se respetan, los cruces peatonales en su mayoría también, los semáforos ahí dos-dos… En Cairo nada de eso siquiera existe. En una calle de tres “carriles” hay a toda hora y en todo momento seis coches, nueve motos, treinta y nueve personas cruzando por diferentes puntos entre los coches y catorce personas vendiendo porquería. He estado en las zonas más rascuachas del DF, Havana, Medellín, Estambul… Nunca vi un caos tan miserable. Ni cerca. Una cosa notable. Esa bonita ley que dice que “dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio en el mismo tiempo” y tal, a los egipcios les vale tres hectáreas. Nunca han oído tal cosa y sólo no les interesa.

Así como nuestros jefes iban pisando un freno imaginario cuando nos enseñaron a manejar, así va uno al principio cuando se sube a un taxi allá. Apretando freno imaginario, cerrando los ojos para no ver el choque inminente, sudando frío en cada cruce (o no cruce) donde se atraviesan ochenta imbéciles peatones suicidas… Y todo esto mientras tocan el claxon cada cuatro metros, de todo y para todo. Yo soy una persona que abusa FUERTE del claxon cuando maneja. He llegado a tocar SIN PARAR el claxon de mi coche unos… seis o siete minutos. Sin bronca. Y seguido rompo mi propio récord. Y me vale queso el mundo. He rogado a Dios que alguien se baje de su coche y me la arme de tos, he pintado doble dedo (para los conductores a AMBOS lados míos); y en general soy una persona muy desagradable cuando manejo.* Pero nada como la gente en Cairo. Allá es diferente: si bien nadie lo usa nunca por más de un par de segundos a la vez, lo suenan cada cinco segundos durante todo el trayecto. La ciudad es un concierto permanente de cláxones. Día y noche, eso no tiene ninguna relevancia, siempre hay el mismo tráfico inmundo. ¿Jueves por la mañana? Tráfico. ¿Madrugada de domingo? Tráfico. Siempre tráfico. Tal cual. Sin piedad.

Llegamos intactos a mi hotel por obra y magia del Espíritu Santo y la Divina Trinidad. Me deja el taxista en la esquina, pago como sesenta libras egipcias (que por alguna misteriosa razón son básicamente iguales al peso mexicano) y casi lloro de felicidad. Un trayecto equivalente, saliendo del Benito Juárez, con los turbo ratas de los “Taxis Autorizados” de aquí, hubiera salido en mil doscientos pesos. Fácil. Toda la parafernalia aeroportuaria y aledaña en México es un cochambre desenmarañable y deplorable, totalmente inaceptable. Con todo lo tercermundista que es Egipto (MUCHO más que México), creo que, aunque sea en eso, es un poco menos peor.

Entrando al hotel me hacen pasar por un arco de seguridad como de aeropuerto y me saca un poco de onda, pero después vi que hay que hacer ese trámite para entrar a cualquier lugar en Cairo: desde hoteles, restaurantes, museos, atracciones turísticas y donde sea. Equis. La buena mayoría no creo que ni sirvan, la neta; más bien están ahí de puro adorno. Pero bueno, vale la pena. Porque entro y me huele como a… snif snif ¿qué es esto tan maravilloso? ¿Fiesta, acaso? Huele a tabaco y eso me recuerda a fiesta. Como en México ya estamos de ridículos prohibiendo fumar hasta en los bares (hazme el recontra maldito favor), siempre que huelo tabaco me recuerda a fiesta casera, que es ya el único lugar donde la gente puede fumar agusto: en su propia maldita casa. ¿¡Qué más les da si la banda fuma o no!? Yo no fumo y nunca lo he hecho, pero entiendo perfectamente a la gente que lo hace. Ya sea que fumes para calmar la ansiedad, el hambre, por ocio, porque te late el sabor o lo que sea… estás en tu pinche derecho de hacerlo AUNQUE a la persona de al lado le moleste. A todos nos molesta que la gente sea impuntual, encimosa, submental, que le apeste la boca, que no ponga las direccionales, que pelen más el celular que a la persona con la que están, que… lo que sea, y nos aguantamos. A veces no estamos tan cómodos como quisiéramos y listo, supérenlo. Y tanto como a mí me molesta que me cuenten y/o restrinjan mis cubas, pienso que debe ser súper molesto que te estén jorobando por fumar. ¡Échense su cigarrito, seguro les hace falta! Se me hace ridículo que te prohiban fumar en los restaurantes, bares y (mucho más aún) antros. Neta no sean divas. ¿¡Que a los niños les hace mal!? ¡Sin duda! Pero vivir en el DF (o Cairo) también, y no los veo mudándose a #provincia para alejarse de la porquería que respiramos todos los días. ¿Que la sal hace daño? ¡Seguro! ¡Pero no podemos vivir comiendo lechuga desabrida para siempre! (Ahí sí me mato) Todos nos tenemos que morir de algo, cada quien que escoja su veneno. El cigarro huele bien, se ve bien (sobre todo las mujeres guapas), todo bien. ¿¡Que hace daño!? Obvio. Pero todo lo bueno en esta vida hace daño y está bien que lo haga. Pienso que, en todo caso, cada locatario debería poder decidir si hace su changarro 100% de fumadores, mitad y mitad, 100% de no fumar, o como le dé su regalada gana. Y que vaya quien quiera y el que se ponga sus moños por diva insufrible NO. Y ya.

Ya, perdón. Regresando al hotel… Entro al hotel más highroller de Cairo y todo mundo fumando como chimenea en la recepción, en el bar, en todos lados MENOS en los elevadores. “Ahí sí no vayan a fumar porque es muy reducido el espacio” o algo. No que en el lobby hubiera ventanas ni nada tampoco, pero pues ¿quién sabe? Me acerco al mostrador para registrarme y Jasmín (la de Aladino), pero de carne y hueso, medio wera, pelo chino y mucho más guapa, me empieza a hablar en árabe. “No chaparrita, espérame tantito, no te entiendo nada.” Yo ya hablándole en español. Es importante. Obvio ella no entendió nada, pero sí el inglés. O bueno, digamos que medio entendía y medio se daba a entender. Lo bueno era que lo que sea que me dijera, yo le hubiera dicho que sí de todas formas, entonces daba igual.

¿Cuarto con una sola cama está bien?

¿La suite presidencial está bien?

¿Me llevas a México a vivir contigo y tener ochenta hijos, siete perros y cuatro pericos?

A lo que sea en el mundo le hubiera dicho que sí. Por el momento sólo me dio las llaves de mi cuarto y me dijo hacia dónde era.

Ese día ya era medio tarde y no se pudo hacer mucho turisteo, pero en la noche… Agárrate el tugurio al que nos fuimos a meter. Nos recomendaron un lugar y nos dijeron que estaba cerca. Había que cruzar el río (acuérdense que estoy en Cairo y por ende “el río” es el P**O RÍO NILO. No pierdan eso de vista. El río más importante en la historia de la humanidad LEJOS. Se dice fácil), caminar hacia la derecha cinco minutos y llegar a un barquito/restaurante “súper padre para cenar y ver un show regional”.

Cruzamos el Río Nilo, caminamos hacia donde nos dijeron cinco minutos y nada. Otros quince minutos y hubo un barquito con un Chili’s. Claramente ahí no era. Después de caminar casi una hora por bajopuentes con gente quemando basura y moneándose (sí, en Egipto la mona también es muy popular), llegamos al barquito correcto: Una especie de party-boat acapulqueño de los ochenta, con mesas, pista de baile con bandita en vivo, buffet y todo el kit como de boda de pueblo. Íbamos Tania (mi hermana), un cuate suyo de la chamba y su servilleta. Nos sentamos en los lugares que teníamos asignados porque su oficina había hecho la reservación. Gracias a Dios teníamos una mesa para sólo cuatro personas y no tuvimos que convivir con más gente. Porque aparte la concurrencia era casi en su totalidad turística; y si quisiera convivir con dones gringos usa-sandalias-con-calcetines, iría a las maquinitas de los casinos en Vegas; no al otro lado del mundo. Al parecer es como una atracción/lugar típico muy popular al que mandan los conserjes a los turistas primerizos. Una especie como de “Arroyo” flotante perdido en el tiempo.

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Pedimos de beber y para nuestra entera sorpresa, no sólo HABÍA destilados (que ya era ganancia. ¿Se acuerdan lo que me habían dicho de Egipto?), sino que ya estaban pagados por su oficina. Me paré, besé a la mesera en la boca (lengüita y todo), bailé encuerado en la pista y lloré de emoción una hora seguida, cual quinceañera. NOW we’re talking! Sustancialmente talking.

La cena estuvo bastante cordial y pensamos que ya, que eso era todo. Pero justo cuando íbamos a pedir la cuenta, el mentado barquito se empieza a mover (llegamos a pensar que sólo estaba SOBRE el Río Nilo, que era más bien un muelle con forma de barco; o que en su buena época se movía, pero ya no). Se empieza a mover aquella cosa destartalada y en ese momento sale como de la nada un bailarín contentísimo, saltando, disfrazado como de… traje típico tapatío, versión TRON marroquí, con unos panderos y una capa como de torero raver. Un SUEÑO de persona. Daba vuelta y vuelta, saltaba y saltaba feliz de la vida y nosotros rallados. Entre la peda que ya traíamos (o traía yo, por lo menos), el folclor del asunto y este engendro… ¡Bueno! Y justo cuando pensamos que ya nada podía ser más surreal… su atuendito completo se encendió como arbolito de Navidad: el vestido tapatío, el sombrero de Moroco Topo, los panderos, la capa y TODO con foquitos navideños. Éxtasis total ahora sí. Fue mesa por mesa tomándose fotos, bailando con las señoras y girando la capa como si fuera a aparecer un tigre de la nada o algo.

Después de un rato se fue este personaje entre standing ovation de parte de todos los asistentes y salió en su lugar una señora (neta ya señora Señora: arrugas en las chichis y todo) que hacía belly dancing en atuendito. Pero después del mago/torero TRON del principio, esta pobre señora no tenía nada que hacer. Regresamos al lugar de donde habíamos partido, anclamos y ahora sí nos bajamos.

Salimos del lugar y nos informan que podemos pedir Uber. Extraordinario. Lo pido y me confirma la app que ya viene mi conductor en camino, las placas son: una especie de dragoncito, un siete invertido, un pescadito como a la mitad, una épsilon griega y una coma gigante. Perfecto, and then? El conductor creo que se llama igual que la placa, pero sin la coma gigante y el modelo del coche ni idea de cuál sea siquiera. Súper útil pedir Uber. Cancelamos eso, nos trepamos al primer taxi que se detuvo y nos pelamos. Para lo único que sirvió pedir ese Uber fue para que se me acabaran los datos del “Paquete Internacional Telcel” que tuve la desventura de contratar. Ratas asquerosas, te cobran más de $2,000 de los del águila por un paquete que dura un día de datos. Claramente no lo volví a contratar y dependía del wifi del hotel.

Lo que hice el día siguiente solamente puede ser descrito como una “Cátedra en turisteo express, en territorio desconocido y hostil”.

Continuará. Mismas razones.

#GraciasMorocoTopo

#GraciasCDMX
#GraciasJasmín
#GraciasPhilipMorris
#GraciasFacundo

*Muy desagradable porque toco mucho el claxon, le pinto el dedo a todo mundo e insulto gente a diestra y siniestra… pero EN LA VIDA me paso un alto, siempre pongo mis direccionales, dejo pasar a los peatones y hago todo by the book, eso sí. De hecho, en general cuando insulto a alguien es porque hizo (o pretendía hacer) algo ilegal o desleal. Primero me mato y deshago mi coche que dejar pasar a alguien que se me pretende meter en segunda fila. Y si son peceros o taxistas… ¡¿Cómo te explico?!