A Medellín, Antioquía fui a dar por dos razones principales: porque el vuelo es exageradamente barato (y directo) y a ver al Scratch ahí cerca, en Barranquilla. El vuelo de ida se canceló y hubo que reprogramarlo gracias a la incompetencia abismal y acostumbrada de los turbo pillos de Aeroméxico; pero una vez allá todo salió de maravilla. El primer día desayuné (onda mediodía) el platillo típico de por allá, la “bandeja paisa”, que más bien es lo que yo llamo “desayuno de campeones”: huevito estrellado, chicharrón prensado, chorizo, arrocito blanco con guisantes, frijol bala y todo lo que necesitas para empezar bien el día. Me lavé los dientes con harta pasta y enjuague y me trepé al Turibús. La plaza de Botero, el mirador, un museo, el “pueblito paisa”, el centro comercial y todo. Bastante ameno. Comí un fruto exótico amarillo que yo no conocía, un elote quemado con queso colombiano y todo lo que me encontré en la calle. Todo maravilloso, a diferencia de la bandeja aquella, la neta. Sobre todo, la señorita tan amable que me vendió el elote en el “pueblito paisa”, que no me bajaba de “mi amor”, pero en “usted” y con acento colombiano… ¡Ufff! Me hizo el día. Encima una compañerita de paseo me pidió una foto al final. Gran día. Y mejor noche. Agárrate.

 

Como ya establecimos, aventurarme a la vida nocturna de las ciudades que visito es una de mis actividades favoritas. No sólo cuando estoy de viaje, sino en general. Es algo que me emociona y disfruto aunque a veces el pueblo, o el lugar, o ambas no cumplan con las expectativas. Sin duda Medellín cumplió. And then some.

La idea era ir de antro y volarme los sesos como bonita costumbre en el extranjero, CDMX o donde se deje. Por una serie de circunstancias medio exóticas en las que no adentraré, eso no fue posible y terminé en una “fonda” que más bien era una cantina tipo La Coyoacana-meets Arroyo-meets J. Balvin-meets Asha, en 2006; de nombre “La Molienda”. Estaba hasta el mero cerro donde están las residencias high rollers, farol, tipo Santa Fe y por ende había algo de frío. O por lo menos a comparación del valle central de Medellín donde hace un calor tropical divino. Esta situación fue medio incómoda al principio porque, al sentir el calorcito del centro, me atavié pensando que a donde fuéramos sería de temperatura similar. Al final obviamente terminé casi encuerándome de tanto “rumbear” (i.e. perrear) y pues… las cantidades semi letales de alcohol colombiano. Que hablando de alcohol colombiano… Fack! Ellos toman una cosa que se llama “Aguardiente Antioqueño”; que lo que en verdad es, es anís. Tal cual. Como de señora. Como de señora o bieeen peda, o bieeen mustia. De esas doñas ebrias que piden dos anicitos y tres Baileys encima de los catorce tequilitas que ya llevaban. De las que pierden las llaves del coche y le echan la culpa al del valet, o al esposo, que aparte ni estaba. O de ésas súper mustias que piden un anicito para medio congeniar con sus amigas que sí chupan en forma, pero le ponen tres moscas y lo pichicatean toda la noche. Normalmente regatean pagar menos que todas cuando llega la cuenta. ¿¡Quién le manda ser de hueva, señora!? ¿¡Quién!? He encontrado que la abstemiez seguido va de la mano de la tacañez. Pero bueno, me desvío. Y lo mismo que el anís verdadero… Sabe a rayos. Pero es lo que hay y lo que toman los locales, así que… Venga nuestro reino. Pero no sólo es lo que se toma toda la noche, es lo que se SHOTEA toda la noche. Hidalgo SIEMPRE. Menos mal que no es un destilado en forma y sólo tiene 29% de alcohol, porque si no, todos hubiéramos terminado en el techo a las dos horas. Yo tiré la toalla al séptimo shot de anís colombiano y empecé a cubear (como Dios manda). Luego me juzgaron un poco y empecé a tomar otra vez la cosa ésa con hielo y mineral; como en formato whiskey-soda-falso o algo bien apócrifo, pero nada despreciable. Y así me la llevé el resto de la noche. Con mango de botana. Porque eso es lo que hay. En vez de cacahuates, charritos o algo de comida chatarra como Dios manda… te dan mango ataulfo. Odio la fruta.

De la concurrencia: A diferencia de Toronto y las torontinas fachosas, las medellinas se aderezan para todo. Y siempre se agradece. Incluso para una cantina exótica y reggaetonera como a la que fui a dar. Entaconadas, lustradas y maquilladas como si fueran a un evento de gala en casa de Maluma (la cual, por cierto, me enseñaron rumbo al aeropuerto). Y aparte… SANTO CRISTO las medellinas. Ni en mejor antro de Moscú, París o Vegas hay tantas mujeres fuera-de-control-hermosas como en el tugurio más de sexta de Medellín. #Fact Una cosa bárbara. En cambio los hombres, más bien fachosos y cachaloneros, con tipo de “narcotraficante colombiano”**. Inauditas las parejas que uno ve en estos lugares. Supongo que va un poco por el lado de: “No es elección, sino falta de opciones”***. Quiero pensar.

De la música y el lugar: Literal un establo con mesas. Pa pronto. No es exageración (yo nunca he exagerado en mi vida). Era un establo. Y ya. Había caballos, gallinas, jinetes, lazos, olor a estiércol y todo lo que involucra un lugar así. Pero eso sí: “somos primer-mundistas y no se permite fumar adentro del lugar”****. Hazme el favor. Pero bueno, con el tiempo (y el aguardiente antioqueño) el olor a estiércol se te olvida. Lo que sí estaba muy interesante era el show que salían a dar los elegantísimos équidos cada cierto tiempo. Salían dando unos saltitos muy simpáticos de un lado a otro del lugar. Primero eran montados por los jinetes profesionales del lugar, pero luego me di cuenta que quien quisiera podía -si se animaba- montar a los animales a lo largo del salón principal y los bichos hacían el truco de los saltitos de todos modos. Niños muy bien educaditos, sin duda. Pienso que eso le hubiera turbo rallado a más de uno de mis ridículos amigos. Yo no soy particularmente fan. De lo que sí soy turbo fan es de la música. O bueno, a ratos, más bien. Porque fuimos desde norteño, banda, corridos, mariachi y todo el repertorio mexa… hasta salsa, reggaeton, vallenato (eso existe, no pregunten), y un sinfín de excentricidades caribeñas y latinas súper coloridas que la neta desconozco, pero que estando hasta el moco bailo requete bien. Un Chayanne cualquiera ya.

Al final de la noche ya era yo mejor amigo de-toda-la-vida de una mesa grandísima de desconocidos y ooooobviamente quedé de regresar pronto a Medellín y de hospedarlos en mi casa cuando ellos vinieran y tal. Cosas que POR NINGÚN MOTIVO en la Tierra sucederán jamás. A Medellín no creo regresar, la neta y pues… mi casa no es hotel, básicamente. No sean asnos. Sin duda una de las noches más entretenidas e interesantes de la vida.

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Al día siguiente, al alba de Deus, tomé el vuelo a Cartagena para luego ir a Barranquilla y todo ese cuento previamente descrito. Gran viaje. Habrá que regresar cuando sean las eliminatorias para Qatar.

#GraciasColombia
#GraciasMedellinas
#GraciasMaluma

**Bedazzled (2000).
***Armaggedon (1998).
****Y dale con sus pinches reglas ridículas como en CDMX.

Un comentario sobre “DE LAS MIRI-AVENTURAS EN MEDELLÍN, ANTIOQUÍA; SUS MONERÍAS, PORMENORES Y DEMÁS PARAFERNALIA ESTRAFALARIA, INTRIGANTE Y RANDOM QUE SIEMPRE INVOLUCRAN”

  1. “…Y lo pichicatean toda la noche…”
    ni que decir, de eso que va (me abstengo) jaja

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