Año Nuevo nunca fue la festividad que más se nos dio a Catalina Hermes Morano y su servilleta. En todo caso, al contrario. Del tipo que, en doce años de historia, no recuerdo ni uno solo que hayamos pasado juntos, más que el último, el de casados, donde, si bien no nos agarramos a gritos y sombrerazos, tampoco la rompimos hasta que saliera el sol, como debiera de pinches ser. Ese día nos habremos acostado una y media, cuando muy tarde. Y eso que su ritual para acostarse a dormir le llevaba entre cuarenta y cinco minutos y una hora en completar. Ya tiene tiempo que pasaron y no recuerdo muy bien las razones, pero siempre estábamos cada uno por su lado, y yo siempre me divertía sin control (como siempre que hay chupe) y ella se amargaba toda la noche (también como siempre). Porque eso éramos: una gran pareja de sobriedad. Tan pronto echábamos alcohol a la mezcla, todo se iba al caño. 

Recuerdo un año en algún antro en el Sur, con mis vecinos; recuerdo otro en un show de stand-up con mis jefes; otro en Puerto Escondido con mi hermana; un par en casa de un cuate, en la Roma… pero ninguno con mi Catalina. Y creo que es por eso que, a la fecha, es mi festejo más agridulce. Porque si bien ahora sí lo puedo festejar en forma y volarme a otra galaxia hasta la hora que me dé mi regalada gana… ahora ya no puedo. Tan pronto suenan las falsas “campanadas” de la perdición, que anuncian el completado de otra vuelta al astro rey, tan pronto empiezan con sus deseos, sus uvas, sus maletas y sus bendiciones, se me cae el teatrito tan bien montado que tengo de persona fría, adulta y civilizada y se vuelve casi imposibles no llorar como quinceañera desamparada. Por lo regular me ausento brevemente del convivio para no dar indicios de debilidad. De humanidad. Primero muerto. Los hombres no bailamos. Pero MENOS lloramos en público. (Sorry por los roles de género, que sé que están super mal, pero en este caso, no puedo más que estar de acuerdo. ¿Qué les digo? Hay de cosas a cosas. Fuera de eso: #NoALosRolesDeGéneroSíALosRolesDeCanela)

Porque no sólo me recuerda todo lo que fue y todo lo que perdí, me recuerda todo lo que no hice y todo lo que hice mal. Me recuerda el pésimo novio y aún peor esposo que siempre fui y lo mal que quisiera regresar el tiempo y hacerlo bien. Me recuerda lo pésima esposa que fue y cómo, aun así, daría todo lo que tengo y parte de lo que no, por regresar con ella. Porque si bien yo la cagué una y otra y otra vez, ella nunca estuvo. Nunca estuvo en Año Nuevo, ni en ninguna otra fiesta pa’l caso (incluidas las mías), nunca estuvo dispuesta a cooperar, abierta a salir, a invitar, a convivir o a ESTAR, siquiera, ¡carajo! Ya no sé qué es más: si la emoción de un pachangón como los que hay los treintaiuno de diciembre, o el terror de perdérmelo por estar devastado y no poder ni salir de mi cuarto. 

El primer día de clases del bonito año de 2002, donde el Nu Metal venía de salida, Lucas nos entregaba el cursi y repudiado EPISODIO II, y Brasil se convertía, con ayuda del (debatible) tridente más letal de la historia, en el primer pentacampeón del mundo; yo cursaba el segundo año de la secundaria y tuve clase de “Speech”, con una maestra finlandesa (por alguna misteriosa razón) a primera hora. Esa mujer nos hizo escribir en una hoja de cuaderno nuestros propósitos, deseos, ilusiones o lo que nos viniera en gana, para ese año que empezaba. Al terminar nos regaló un pedazo de papel, de ése arrugadito, que no me acuerdo el nombre, un moño como de Sanborns, y nos dijo que lo envolviéramos y lo almacenáramos tan bien como pudiéramos; con el propósito de abrirlo el año siguiente, hacer lo mismo y volverlo a guardar. Dado que era clase de inglés, se me ocurrió hacer la asignatura en dicho idioma, en prosa (contra hacer incisos, que pienso que es lo más natural), con las cosas más absurdas y descabelladas que se me ocurrieron en ese momento, envolví la hoja en el papel aquel y lo guardé en mi mochila. Cosas tan mundanas como “ir al bosque atrás de mi casa”, “escalar la ruta nueva (de la pared junto al estadio de CU) sin matarme”, “comprar el nuevo disco de System”, “pasar todas mis materias” … y ese tipo de cosas. A la fecha es un dramón amargadísimo, que va desde “volver a ser medianamente feliz” hasta “no tener piedras en los riñones” o “dejar de cagar sangre”, acompañado de un mini resumen de mi año, principalmente en los cuadros amoroso y laboral, de entre los cuales, pues ni a cuál irle. El punto es que nadie debe ver nunca lo que escribimos, la idea es que sea un “regalo de nosotros, para nosotros mismos” y listo. De esa manera puede uno poner sus deseos más recónditos e inapropiados, confesiones vergonzosas o lo que sea, sin preocuparse de quién lo va a leer, qué van a pensar, ni mucho menos. Y semi funciona, creo. 

Por alguna razón, nunca perdí el mentado papel, y, a la fecha, cada enero lo abro, leo lo que puse en cada ocasión y escribo lo del correspondiente. En inglés y en prosa todavía, para no perder la costumbre. Y si bien es algo deprimente ver que año con año fallas en cumplir cualquiera de tus metas, por lo menos te entretienes un rato viendo cómo tu vida se va lenta e inexorablemente al caño. Justo esta semana toca buscar mi regalo para mí mismo y cumplir con el curioso ritual por décimo octavo año consecutivo; y, a diferencia de los últimos tres, puedo decir con un poquito de orgullo y un muchito de terror, que incluirá “Turn the f*cking page once and for all”, para ver si en algún punto de la vida puedo conseguir una novia que me quiera, me enloquezca, me soporte, y, en una de ésas, dejar de ser miserable. Porque, aunque muchos no lo sepan (no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo), hace no tanto TUVE brevemente una novia que era un sueño y me amaba sin control y yo a ella; pero por seguir pendiente y con la velita de Catalina prendidísima, no estuve listo para quererla, darle su lugar y ponerle la atención que tan arduamente se ganó a pulso y merecía. 

Paulina (por ponerle un nombre) y yo salimos de manera intermitente por poco más de dos años, con sendas MiriAventuras, culminando por fin en ese breve noviazgo y funesto rompimiento. Pero ésa es otra historia y para otro momento. 

Para empezar, y a diferencia de los últimos tres años (Catalina y su servilleta) ya nos logramos bloquear mutuamente de todas las redes, bloquear a nuestros amigos en común, familiares y demás gente que pudiera cagarla y sacar el chisme. El plan es AHORA SÍ no hablarnos, saludarnos, desearnos Feliz Navidad, ni nada de nada. Pienso que vamos por buen camino. Una disculpa a nuestros amigos en común y sus familiares por ser bloqueados sin misericordia, sin deberla ni temerla, pero ya nos urge a ambos darle la vuelta a la pegajosa hoja, de una buena vez; para en diciembre (y la vida en general) poder reventarnos como Dios manda y sin lloriqueos ni dramas de quinceañera. 

Los invito, al igual que a mis tres últimas galanas medianamente formales que he tenido en este tiempo que llevo de soltero, a escribir sus “Deseos” (por resumirlo en una sola cosa) e intentar no perder el papel donde lo hagan y repetirlo el año que viene. Se van a entretener bastante y me darán las gracias. O no. 

5 comentarios sobre “Año Nuevo”

  1. Me encanta cuando no escribes de cochambres y más me gusta que quieras pasar la pagina y debes estar seguro que encontrarás alguien que te ame y que tu ames por igual, querer ser feliz es un buen punto para empezar un nuevo año! Te lo deseo yo, de todo corazón ❣️ Feliz 2019❣️

  2. Super fuerte y super chido a la vez.

    Yo también escribo, me tranquiliza, me da paz, es mi mejor terapia. Introspectivo. Lo hago a mano porque me gusta mi letra. A veces escribo con miedo a que sea leído, otras tantas no y justo es cuando más liberador y gratificante es. Coincido en que nadie ha de lo nuestro pues es un regalo para nosotros mismos.

    También tengo ciertos rituales pero no llevo la cuenta.

    Suerte con deshacerte de Catalina. Tal vez al inicio del 2020 escribas que lo lograste, o no.

  3. Al fin Chunga!!! Lo último que dices es muy cierto, o apagas con extinguidor esa flama, o nunca encontrarás lo que deseas . Tienes TODO, para encontrar una súper niña!!! Pero mientras no la hagas sentir a ella así, seguirá siendo un fantasma en tu vida. Que se haga realidad!!

  4. Qué buen ejercicio lo de la nota de cada año!!!
    La mejor decisión sin duda será que pases definitivamente la hoja!!!! Ya debes rehacer tu vida y decidirte a que puedes ser feliz, como te mereces !!!!

  5. Abrazos muchos y que lo que escribas en tu hojita se cumpla 😉 te deseamos lo mejor… y sigue escribiendo que aunque en ciertas notas me escandalizo súper mustia, de verdad es un talento huge el que te cargas 🙂 escribe mucho mucho 🙂

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