El entrañable “Cine de domingo a la medianoche” tuvo el enorme placer de presentar: Metallica, S&M 2 (estreno mundial en la pantalla grande)

Cuando iba en quinto de primaria, allá en el remotísimo año de 1999, tocó Metallica con la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Yo no sabía bien a bien quiénes eran esas personas, lo que tocaban ni mucho menos, pero mis compañeritos de clases que tenían hermanos más grandes, sí. Se rumoraba de un concierto de rock con una orquesta. Lo iban a pasar en el Canal 5. Tal cual, entre Cositas y Chabelo, o alguna cochinada por el estilo. Y di que lo pasaban. Bueno, me traumó tanto ese concierto, que al día siguiente le pedí a mi mamá que me comprara una guitarra y empecé a tomar clases. Ultimadamente terminé estudiando música y quesque dedicándome a eso.

Este año se cumplieron veinte de aquel S&M original, con James y Kirk sin canas, Lars no era un patineto adolescente y seguía el buen Jason en el bajo; que, aunque no era la mitad de bajero que Rob, era el triple de showman, el triple de metal, el triple de vocal. Pero no nos adelantemos y vámonos desde arriba:

Han pasado veinte años, tres álbumes de estudio y un bajista desde que tocaron esa vez en San Pancho: uno regular, tirando a malo (St. Anger), uno extraordinario (Death Magnetic) y uno decente con destellos de la grandeza de antaño que los caracteriza (Hardwired). Y entonces, que de entre todas esas rolas no se hayan dignado jubilar algunas del repertorio viejito, que llevan más de treinta años tocando cada tercer día, sólo se me hace medio huevón de su parte. Pienso que, a lo mejor, no fue tanto culpa de ellos cuatro, sino tal vez del nuevo director, arreglista, productor o alguien por ahí inmiscuido. Les debo el dato. Tache por no hacerlo de vuelta con Michael Kamen, btw. Es más, si no querían tocar tantas de los más recientes, ni siquiera tienen que hacerlo, pueden sacar versiones orquestadas de cualquiera de las docenas de rolones que tienen y dar de baja algunas que ya nos sabemos todos de memoria. Pueden irse por Orion, Blackened, Whiplash, neta miles. Lo que me lleva al primer punto: el setlist.

Bien por el típico intro de Ennio Morricone-Ktulu, como hace veinte años, y después For Whom para variarle tantito de Master luego luego. Que, por cierto, esa tercia de rolas se me hace el inicio de concierto más implacable del mundo. Luego vamos con algunas del Hardwired que, si bien soy fan, pienso que se pudieron ahorrar Confusion, la más débil del álbum. Me hubiera gustado más Death Magnetic, eso sí. Porque si bien The Day That Never Comes estuvo bestial, la versión orquestal de Unforgiven III no me encantó. Pienso que pudieron haber hecho el intro así, con la pura orquesta (está impresionante), pero luego meter a los otros tres tarados a repartir guitarrazos. No fui fan de ver a mi Papa Het sin guitarra en mano. La versión de Pulling Teeth en contrabajo está FUERA DE ESTE MUNDO, lástima que no se siguieron con Whiplash, por ejemplo, ahí era cuando, ¡carajo! Las rolas de pura orquesta bien, gran selección, ni una queja. Cayó de variedad. Pero con lo que sí tengo queja es con The Memory Remains, One, Nothing Else Matters. ¿Quieres cerrar con Sandman? Date, neta date. Pero las demás ya chale. Habiendo taaaaaantas. Sandman, Master y Wherever I May Roam no las puedes quitar, de acuerdo. Las primeras porque son lo que son, y la tercera porque es la mejor rola para en-vivo de la Tierra. Las demás sí.

Top 5 para en-vivo, por cierto:

  1. Wherever I May Roam – Metallica
  2. Hey Jude – Paul McCartney
  3. Live and Let Die – Guns
  4. Fear of the Dark – Iron Maiden
  5. The Letter – Joe Cocker

Arreglos e interpretación:

Los arreglos para las rolas que ya tenían se los piratearon a Michael Kamen, lo cual se me hace de pésimo gusto. Porque además no los quisieron copiar tal cual y le movieron a algo que ya era perfecto y sólo la calabacearon. Por eso insisto en que tuvieron que haberse colgado de otras rolas y quedarse sólo la trifecta del diablo que dije antes y mantenerlas igualitas que hace dos décadas. Para las rolas de Hardwired sólo no supieron qué hacer y medio les quedó grande la orquesta; las dos de Death Magnetic, impecables. Sueño de versiones.

En cuanto a la interpretación… pues lo de siempre. Rob impecable, aunque me gustaría que se dejara de hacer rosca con los backing vocals, y, o los haga bien, o mejor que no haga nada. Lars decente, como siempre; y Hetfield, me da gusto reportar que le echó muchas más ganas que hace veinte años y redujo los “heah” al mínimo indispensable. También se deshizo de algunas muletillas medio gachas que había agarrado con el tiempo y, en general, me pareció muy decoroso. Con todo y todo, yo sí prefiero la versión rascuache y engreída de hace veinte años, pero seguro es más por nostalgia, que porque sea mejor o peor que la de ahora.

Y por último Kirk. A ese wey sí ya la valió tres kilos el mundo. Para la versión original de este concierto, se vio que sí super ensayó sus solos y lo hizo bastante bien. Esta vez, sólo nel. De por sí lleva ya varios años hueseando sus propios solos, ahora sí ni eso. Shame. Ni los de los álbumes más recientes fue para aprendérselos chido y resultó en un caos. Pero bueno, tampoco se esperaba tanto más, supongo, porque pues… Kirk. Pero lo amo de todas formas. Además, es el que ha envejecido mejor de todos y mandó retapizar la ouija para que hiciera conjuntito con la bataca de Lars, lo cual siempre se agradece. Muy a favor del morado con brillitos, de teibolera.

En general fue una gratísima experiencia cinematográfica y, sobre todo, la mejor manera de ir a un concierto después de los treinta. No vuelvo a conciertos en vivo nunca más. Ya no estoy en edad.

Le daremos un 10 indiscutible de CDM. Vayan ya.