El secreto de viajar, como bien dicen los comerciales de no sé qué aerolínea es comprar con tiempo. Y no sólo porque los vuelos y reservaciones son más baratas si se hacen con anticipación. La principal razón por la cual esto resulta cierto el cien por ciento de las veces es, nada más y nada menos, que los meses sin intereses. 

Si vas a tener que pagar ochenta mil pesos por viajar a tal lugar, más vale hacerlo, jodido, diez meses antes, para pagar de a ocho K cada mes. Y así sucesivamente. Dado lo cual, si te quieres ir a un crucero highroller por Asia un mes… hay que empezar a pagar catorce años antes. O vivir de latas de atún adulterado y Tonayán tibio por muchísimo tiempo. Fue por eso que, cuando mis jefes me dijeron que si quería ir con ellos a ese viaje (crucero highroller por Asia, pongan atención), hace miles de meses, hubo que dar tarjetazo en ese momento y rogar a Dios todopoderoso no petatearme en el tiempo restante. Que, desafortunada o afortunadamente, en mi caso no es tan improbable; todos los sistemas y órganos parecen estar apagándose uno por uno y no creo que falte tantísimo. Y he aquí otro punto de suma importancia: hay que procurar que el 100% de la deuda quede saldada para cuando uno viaja. De lo contrario, para cuando se regresa, hay que seguir pagando un vuelo ya tomado, un hotel ya usado, desayunos incluidos ya comidos y descomidos o un coche ya usado y devuelto. Se puede… Pero es tristísimo. Como perder el celular antes de terminar de pagarlo. Deprime sobremanera, no lo recomiendo. (Me refiero al viaje, no al celular, en mi vida he perdido un celular.)

Mis jefes, mi hermana y su servilleta; una tía con su esposo y una amiga de mi mamá con el suyo, sus hijos y un gentío más. La Familia Burrón a todo lo que da. Trece personas en total. Y déjenme decirles que nunca he sido fan de tener que convivir a la de a huevo. Puedo hacerlo y me considero formidable haciéndolo, sólo me nefastea. Ya si me van a enjaretar familiares lejanos, hijos de amigos o cualquier persona con la que haya que quedar bien, más les super pinches vale que haya alcohol para aventar y pueda estar tapado todo el tiempo. Sobre todo, con la familia política. Pregúntenle a todas mis exes y sus respectivas parentelas. No hay en la faz de la tierra un solo primo teto, un tío gordo, una abuelita senil, ni un sobrinito mocoso de ninguna de ellas que no me ame sin control. Hasta los perros odiosos de TODAS me ven y corren a hacerme fiesta y lamerme la cara. Esto último chance porque me han visto hacérselo a sus dueñas en estado etílico en incontables ocasiones y piensan que es señal de amor y de gozo. Y lo es. En resumen: en presencia de adultos-adultos y/o familia política, persona más mustia, doble cara, sinvergüenza y lamebotas no hay en la tierra, que yours truly. 

“Abuelita, te presento a Javier, mi nuevo novio”. Y Javier de traje, muy peinadito, afeitado y lustrado como zapato de charol en el Titanic; pero en el fondo siendo ineludiblemente… pues Javier. Y ya sabrán. 

“Buenas noches, señora, mucho gusto”. Beso en el cachete arrugadito que huele a naftalina, tabaco y racismo disfrazado de vejez y malas costumbres. 

Que, btw, paréntesis rápido, ¿qué onda con el racismo de las abuelitas? Por lo que he visto, estaba completamente normalizado en el siglo pasado y sólo está fatal. Entiendo que a la fecha no nos vamos a poner a discutir con la viejecita de noventa y tres… porque, uno, va a negarlo a muerte a pesar de las miles de historias que te ha contado en cada comida familiar de cómo “huelen horrible, tienen narices enormes y no sirven más que para labores manuales porque no piensan como uno” y demás; dos, no la vas a hacer entender ni entrar en razón con ningún tipo de argumento, por elocuente que sea; y tres, aunque lo lograras, se le va a olvidar a la media hora. POINTLESS, definitivamente. Pero sepan que no está bien. Lo mismo con la homofobia, el machismo y las corridas de toros, ojo. Pero bueno, no me meto más en camisa de once varas. Están FATAL y punto. 

Una disculpa, ya regreso a nuestra bonita historia. 

Zarpábamos de Singapur. Ese lugar lejano y mítico del que tanto habla Jack Sparrow y cualquier pirata que se respete cuando quiere presumir su audacia y conocimiento marítimo. Al mero sur de la Península de Malasia, entre el mar de la China Meridional y el Estrecho de Malaca, es uno de los puertos más importantes del mundo por su localización. Tiene cinco y medio millones de habitantes y sólo el 3% de ellos son analfabetas, lo puedes recorrer en coche como en cuarenta minutos y todo es perfecto. Ciudad moderna, tipo Nueva York o Hong Kong, pero en bonito y limpio, y con playas hermosas en las afueras. Por si fuera poco, todo mundo habla inglés. Lugar insuperable. 

Y para los que nunca han hecho un viaje en crucero, déjenme decirles dos cosas: La primera es que no soy tan fan. Porque si bien da chance de conocer varios puntos sin tener que hacer miles de vuelos y miles de hoteles, tampoco se conoce gran cosa del lugar al que llegas. Sólo te dan unas cuantas horas y vas de retache, hay que madrugar seguido, tours grupales con desconocidos, guías de turistas… Muchas cosas muy indeseables. Justo es ideal para viajeros menos jóvenes que no pueden ya andar del tingo al tango sin morir en el intento. Y la segunda es que hay un simulacro obligatorio el primer día, donde te enseñan la ruta que tienes que seguir y el protocolo de embarcación de los botes salvavidas. Y justo estando ahí, no pude más que pensar: 

“Ya fui todo lo feliz que puede ser alguien en una vida.
Ya fui todo lo miserable que puede ser alguien en una vida.
Ya he tenido el mejor sexo que alguien puede tener en una vida. O en cien pa’l caso.
Ya conozco los cinco continentes.
Si se hunde esta pendejada, no voy a dar ni una brazada.”

Una vez trepados nos dimos cuenta; y, a decir verdad, no sé cómo no desde antes; que el principal pormenor en ese crucero en particular era el promedio de edad de la concurrencia. Quitándonos a nuestro crew y una gringuita adolescente que había por allá, calculo, sin exagerar (yo nunca exagero), unos noventa y un años. Del tipo que la mayoría tenía no sólo nietecitos, sino bisnietecitos para aventar. Bastones, andaderas, pañales de adulto, sillas de ruedas, tanques de oxígeno y bótox hasta en los ojos. Al final, cabe destacar, que todos y cada uno de los viejecitos eran mis mejores amigos. Más LAS viejecitas, y eso que tenían sentimientos encontrados hacia mí. Por un lado, era el greñudo tatuado de la alberca, y por otro era el greñudo tatuado de la alberca que querían para sus nietecitas “back home, in Manchester”, Wisconsin o Melbourne; sus palabras, no mías. #TheRealMrWorldWide. Mis favoritos eran una pareja de brasileños, donde él claramente estaba en su tercer matrimonio y ella apenas en el primero o segundo. Del tipo que seguro tiene hijas más rucas que la nueva esposita. SIN BRONCA. Ultra fans los dos y poco les faltó para incorporarme de lleno a su Luna de Miel. Debo reconocer que estuve casi tentado a tomarles la palabra. Porque si bien nunca he sido nada fan del formato MILF, la infertilidad inherente es algo por demás llamativo. De cualquier manera, quedé de escribirles el mes que viene que voy a andar por sus tierras cariocas. 

Todo esto debido a que nuestros compañeros de viaje eran exploradores profesionales y muy bien portados (no como uno), y no me quedaba otra que congeniar, i.e. chupar con los pocos señores que se desvelaban tomando Medias de Seda o Cointreau derecho. “De lo perdido, lo que aparezca”, y en ese barco, lo único que podía aparecer eran octogenarios a medio emborrachar. Sólo la bartender del casino, una polaca de pelo corto y aspiraciones más cortas aún, se apuntaba a beber conmigo hasta que la regañaran sus superiores. Bueno, se apuntó a mucho más que sólo beber, pero ésa es otra historia y para otro momento. Sólo les voy a adelantar que a la fecha me escribe diario para desearme los buenos días. Según ella va a venir a México en Julio. Según ella. Incauta. #TheLadyFromTheDriiiiinks

Y ya que en ésas estamos, déjenme contarles de nuestros compañeros de viaje. Amigos de mi mamá, de cuando íbamos en la primaria, con sus hijos, novias, cuñados, y toda la flota. La gente más a todo dar en años. Como les decía, exploradores completamente profesionales. Conocen las siete maravillas del mundo, han luchado con hipopótamos en el Serengueti, atravesado a pie el desierto de Gobi (Googleen), subido sin oxígeno el Aconcagua y todas las aventuras que se puedan imaginar. Yo me considero un sólido viajero. No me empiezo a acercar. Competidores feroces de Texas Hold’em, ping pong y Viuda, no hubo un momento tedioso en ningún punto. Pero, sobre todo, bendito Deus no me seguían la fiesta. Porque de lo contrario habríamos terminado haciendo el oso peor de lo que ya lo hicimos. O bueno, chance sólo yo. El tipo de gente que lleva justo el tipo de ropa necesaria para cada calamidad que se pueda presentar. Yo salía siempre con mis jeans incómodos, bota de gamuza lila, playera y, si acaso, cepillo de dientes con harta pasta y enjuague para después de comer. Ellos en cambio, ataviados con ropa de material ligero pero resistente a la lluvia y los mosquitos que permite que el calor salga y el agua no entre, repelente de tigres, antídoto para los principales doscientos tipos de serpientes de la región y kit de supervivencia. Sólo una de ellas, la menor, gustaba de salir a donde sea que fuéramos, en atuendito de Chanel para arriba. Ahí la tienen a esta pobre mujer en medio del bosque tropical en Myanmar (Googleen) en tacones, vestido de pasarela y bolsa de diseñador. Nunca se le vio sudando la gota gorda, sufriendo ni pasándola mal en ningún sentido, no me explico cómo. Todo lo contrario: partiendo plaza gacho. Al mero estilo Penélope Glamour, ¿se acuerdan de ella? La que le hacía la vida imposible a Pierre Nodoyuna. Bueno, equis, ella. 

Nosotros hicimos el trayecto Singapur-Dubái en poco más de tres semanas, pero hay gente, como los brasileños que les decía, que están dando la vuelta al mundo en seis meses: desde LA hasta NYC, y justo desembarcaron ayer (ella me sigue en Instagram, no pregunten). Gente ya muy mayor, sin tanto que hacer. Y muy muy muy highroller. Lugares increíbles, otros cuantos espantosos, compañía insuperable y una experiencia invaluable. Otro día, si mi inspiro, que esperemos no, les cuento a detalle de los lugares específicos que visitamos. Hasta entonces…

#GraciasCrew

#GraciasAleksandraTheLadyFromTheDrinks!

#TheRealMrWorldWide