El agua sola, las verduras, el frío, la buena mayoría de las frutas, Sandra Bullock, los juegos de mesa, pelos en la zona del bikini, las mascotas, Ticketmaster, las plantas, Coldplay, madrugar, los ubers que te hacen plática, estar sobrio, Jason Garrett, la gente mustia, Bono, el cine de arte, la gente insegura, las religiones, la mariguana, el reggae, los mariguanos, los pueblos “mágicos”, Uber. Todas éstas son cosas que odio que a lo mejor no sabían. Pero sin duda, lo que más odio en el mundo, más que todo esto (que es un chingo), son los niños y usar condón. Más lo primero que lo segundo, pero sólo porque duran más, porque son igual de detestables. Del tipo que prefiero no coger, que hacerlo con condón. Aparte de que, como ya establecimos, sobrio se me complica. Ergo el odio hacia la sobriedad, en buena medida.

Los niños, de entrada, están siempre cubiertos en una capa de mocos. Siempre que un niño se te acerca, hay un noventa y tantos por ciento de probabilidades de que te llene de mocos y/o caca. Además, lloran de todo, hacen un ruidero, despiertan en la madrugada para joder, arruinan las chichis de las mamás, y seguido son herramientas de engatusamiento para pobres incautos que se confían y terminan embaucados de por vida. Eso sin perder de vista que en máximo cincuenta años el mundo se va a acabar y los pobres van a morir de hambre/sed/guerra/intoxicación (escoja usted su preferida) antes de que les den su tarjetita del INAPAM. Por si esto no fuera suficiente, cuestan una fortuna, hay que llevarlos y traerlos de la escuela, educarlos, orientarlos, vigilar que no sean unos tetos, cuidarlos de ellos mismos y un sinfín de trámites por demás insostenibles.

Yo me acuesto a la una, me paro a las ocho, trabajo de nueve a seis y descago todo el fin de semana hasta la hora que me viene en gana; juego cubilete los martes, poker los miércoles; viajo a otros continentes dos veces al año, voy al gym tres veces a la semana, apuesto a todo lo que se mueve, mi súper semanal consta de chupe, palomitas y Pepto Bismol, y remojo más que estrella porno. Como verán, tengo un estilo de vida más que envidiable y no estoy dispuesto a cambiar ni un sólo aspecto por una criatura que va a morir de inanición y tifoidea antes de que le salgan canas. Sobre todo, eso. ¿Para que nos hacemos los muy puritanos? Soy un egoísta de cuarta y lo reconozco.

Habiendo dicho eso, y en parte también para que nunca me intenten convencer/chantajear a tenerlos (cof, cof), decidí hacerme el viejo snip-snip, corte de cables, balas de salva permanentes, mejor conocida como vasectomía. Porque ojo, para los que no saben, que medio se vale, es importante recalcar que todo sigue funcionando como siempre, incluido el money shot; sólo que, por más adentro que se lo eches, no embarazas ni a la mujer de Philip Rivers. Y el money shot es FUNDAMENTAL, sin él, la mitad del punto de Remojar se pierde y qué chiste. Tanto para nosotros, como para ustedes, eh. Desenmústiense, por piedad. Ayuda que estén bien depiladitas para no hacer un batidero, eso sí.

Con eso en mente fue que decidí hacer mi cita, pero antes de contarles el procedimiento correspondiente… permítanme contarles cómo di con el lugar en que me lo hice, porque ésa es, sin lugar a duda, la segunda mejor historia que me sé.

Boy meets girl, falls in love, gets married, gets divorced. Como siempre. No kids, tho. Y hasta ahí, todo va bien. La bronca viene muchos años después de haberse divorciado, ya mucho más “maduros” y tal. El wey la vuelve a buscar, le vuelve a dar anillo (espero uno diferente) y se vuelven a casar. Para sorpresa de NADIE, se vuelven a divorciar. En algún punto (no me consta cuándo, no pregunté) la bonita pareja decide guardar óvulos de ella y esperma de él para, en caso de que cambien de parecer, embarazarse. Tiempo después, ahora sí ya francamente rucos ambos, cerca ella de que se le vaya el tren de la estación, el wey la vuelve a buscar, se van de viaje, se encontentan por tercera vez. Se vuelven a pelear, y ella, con intención de recuperar al dos veces ex esposo, va y se embaraza artificialmente con el menjurge aquel, que estaba congelado desde hacía años. Damn! El wey obvio no quiere tener nada que ver con eso y la manda al caño por tercera vez. Entonces ella decide que siempre no quiere a la criatura y me habla a mí, de entre todas las personas, para que la acompañe a un lugar “Marie Stopes” a abortar al hijo artificial. What the actual fuck?! Si mi historia con Catalina Hermes Morano es torcida y cochambrosa, esta gente nos hace parecer saludables y ejemplares.

Bueno, ésa es la historia de cómo di con Marie Stopes, centro de aborto y métodos anticonceptivos variados. Tercera semana casi consecutiva en que este espacio de desvelo y manipulación tiene comercialazo, ya lo sé, pero éste es el más importante de todos: quiero convencer a los más posibles de ir y hacérsela. Estamos hasta el culo en niños, hay que parar ya. Todos ustedes que no se deciden a ir porque no saben cuánto cuesta, si duele o no, si van a quedar igual que antes, si todo va a funcionar chido, si lo que sea… vayan y dense sin preocupación. Hablas al lugar, haces la cita, te inyectan la anestesia local en la comisura de los huevos, te cortan los cables, pagas menos de cuatro mil pesos y estás fuera en quince minutos de procedimiento efectivo; dos horas totales en el lugar, si acaso. Ese día te mandan reposo absoluto, pero tampoco es como que pudieras hacer mucho, tienes vendada el Autoestima, lo último que quieres es tener que andar danzando del tingo al tango. Vayan con alguien que los acompañe porque manejar saliendo es incómodo. Alguien que los pueda ver encuerados, por si las dudas, no les van a poner brackets. Duele mucho más ir al dentista, de hecho. Mucho más. Te dicen también que no remojes en una semana y eso sí es una lata, pero fuera de eso, lo único que falta es una prueba de conteo de espermas a los tres meses “o veinticinco eyaculaciones” y listo. Así dice la receta del doc, no me lo estoy inventando.

Como se podrán imaginar, la prueba de marras es un predicamento mayúsculo, déjenme se las platico: hay que echárselos (o, más bien, echarle las salvas) a un vasito no más ancho que un caballito, tipo los de mezcal que parecen veladoras. Y hay que hacerlo en el lugar, no te lo dejan llevar a tu casa, poner musiquita y que te “eche la mano”, tanto literal, como figurativamente, tu vieja. Te dan el vasito, te meten a un baño todo sucio de dos por dos y te dicen “vas, papi, rífate”. Super tache para el Laboratorio Chopo de Copilco. Podrían prestarte mínimo un consultorio limpio, que no huela a meados. Una camita sería muy útil también. Porque hacer eso de pie y atinarle a tan pequeño recipiente es un reto al destino, HDSPM. La descarga, estando parado, es hacia arriba, ¡ni modo de poner el vasito boca abajo! Hay que hacer el meneo con la diestra, sostener el caballito con la siniestra, equilibrar el celular en el lavabo (por aquello del youporn o fotos de la predilecta) y tratar de no tocar nada en el baño asqueroso; por lo que atinarle a lo que sea, por amplio que sea, es poco probable; y aunque le atinaras, se regaría todo de vuelta y habría que repetir la operación, que llevaría un tiempo indeterminado. Estando acostado todo sería mucho más simple.Soy carnívoro, uso coche de gasolina todos los días, no separo la basura y aun así soy más sustentable que ustedes, bola de ridículos. Así que, ahora que ya lo saben, hagan su cita, amárrense ese pedo y dejen de reproducirse como roedores. Se los imploro, el planeta lo necesita. Y yo estoy harto de sus hijos.